miércoles, 22 de junio de 2011
domingo, 8 de mayo de 2011
Ser o no ser rabioso
No soy un buen partido: no soy corpulento, no tengo plata, no manejo (ni me gustan los carros), no juego fútbol ni lo veo (a menos que sea el Melgar [cuestión chauvinista] o una final internacional o el mundial), bebo, fumo y otra miríada de cosas más que en definitiva un hombre – la palabra muchacho resulta desatinada – de mi edad debería ser, y es que sinceramente, me cuesta mucho ser normal.
Nunca he querido en mi vida tener una chambita en una mina con gran proyección a ascender, casarme con una chica guapa que sepa gastar efectivamente mi plata, tener hijos, un perro o un gato, luego nietos, jubilarme y morirme como Dios manda. No, por alguna extraña razón el destino confabuló para darme ansias de conquistar países imaginarios, cruzar fronteras invisibles y escribir novelas que no existen ni en tintero, todo esto en una época en la que la hombría se mide con las cifras de tu cuenta bancaria, donde los mejores prospectos amorosos se comparan con las hojas de los CV’s.
Si tan sólo hubiese nacido treinta años antes, seguramente la felicidad me habría alcanzado junto con la muerte, cortesía de alguna bala de alguna dictadura militar, disparada para sofocar alguna revuelta guerrillera, de la que sin duda alguna, yo habría formado parte. Pero hoy las revoluciones se hacen por computadoras y con indicadores económicos, hoy los comunistas son millonarios y más capitalistas que los Estados Unidos, un país gobernado por un moreno ex-musulmán de izquierda, ¿qué nos queda entonces a los anacrónicos-románticos-guerrillerosfrustados? Pues nada, los mayos franceses se hacen a través de grupos de facebook y las novias nos rehúyen como a apestados.
Por eso, por no tener nada más en el mundo sino sólo renegar de mi suerte, hago precisamente eso, rabiar a todo dar y vía blog, quizás a manera de catarsis o con la insípida esperanza de motivar a alguien a aunarse a esta causa es que, me declaro en condición rabiosa.
